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[vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»3/4″][vc_column_text]Imagínate la siguiente divertida escena: que un día tomando un café un amigo tuyo -llamémosle Juan- te comentara que le encantaría aprender artes marciales y algún día convertirse en cinturón negro de kárate. Probablemente le responderías algo así como:

-“Ah, muy interesante Juan, me parece muy bien que quieras convertirte en karateka. Entonces, ¿a qué gimnasio te vas a apuntar? ¿dónde vas a empezar las clases de kárate?

Sin embargo, para tu asombro, atónito escuchas esta respuesta:

– “No, no, trabajo mucho y no tengo tiempo para ir a ningún gimnasio. Pero he decidido empezar por ver todas las películas de Karate Kid, Bruce Lee y Jackie Chan. También he comprado libros de artes marciales, DVDs, y hasta un curso online a distancia”.

Y tú, con una sonrisilla -en plan “estás de broma”-, le volverías a preguntar:

– Pero Juan, ¿de qué vas? A ver, explícame cómo vas a aprender kárate viendo películas y leyendo libros sin practicar y sin un profesor que te entrene. Yo no conozco a ningún karateca hecho a sí mismo por correspondencia…

Y si resultara que sí, que a tu amigo Juan se hubiera ido la olla y siguiera con su sueño irreal de convertirse en un karateka tan sólo viendo vídeos o leyendo libros y sin practicar nada, le dirías que puede hacer lo que le de la gana, pero que  cuando fuera por la calle por favor evitara ir de chulito karateka, porque con las “artes marciales” que iba a aprender desde el sillón de su casa lo único que conseguiría es que acabaran dándole una paliza.

Este ejemplo resulta absurdo. Resulta obvio que no es posible aprender artes marciales, o bailar salsa, o jugar al fútbol, o aprender a pilotar aviones, o correr maratones sin antes realizar un buen entrenamiento. Sin embargo, para otras áreas de la vida no vemos con tanta claridad este principio: para lograr una habilidad es necesario conocer la técnica correcta y practicar intensamente.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13175″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]LA HABILIDAD DE HABLAR EN PÚBLICO

Pongamos el ejemplo de aprender oratoria. A menudo tengo alumnos que me dicen que les gusta mi puesta en escena y me preguntan cómo podrían aprender ellos a hablar en público. Yo les respondo que claro que pueden llegar a ser buenos oradores si se entrenan intensamente: por ejemplo, haciendo algún curso de oratoria, un taller de teatro, contratar un mentor, profesor o coach personal, y sobre todo, practicar mucho, mucho, mucho.

Cuando vemos a un ponente hablar con seguridad y elegancia ante un auditorio, lo primero que solemos pensar es que tiene un don natural, que ha nacido para la oratoria, que lo lleva en su ADN, que las palabras le salen solas y… que triste e injustamente los demás seres humanos no hemos nacido con esas capacidades…

Pues lo mismo pensaba cuando tenía 20 años: que yo no estaba hecho para la oratoria. En el colegio me siempre me volvía muy  tímido cuando me sacaban a hablar delante de la clase. Años más tarde, en la Universidad seguía poniéndome colorado y nervioso cuando estaba rodeado de personas que estuvieran escuchándome.

Además, de niño contaba con algunos problemas lingüísticos que me impedían comunciarme bien: como no sabía pronunciar bien las palabras mis padres me llevaron al logopeda. También tengo un problema en la mandíbula que me impide abrir bien la boca para poder vocalizar. Y hasta hace pocos años me costaba crear oraciones largas y no podía terminar las frases….

En realidad, en mi colegio nunca fui famoso por mis dotes de oratoria… y sólo empecé a mejorar cuando me decidí a lanzarme al ruedo para quitarme el miedo escénico de una vez por todas.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13179″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]LAS CLAVES DEL TALENTO

¿Como se crea el talento? ¿Cómo se desarrollan las habilidades?

Hay un libro magnífico sobre neurociencia de Dan Coyle titulado así: “Las claves del talento”. Es un libro extraordinario que te recomiendo leer porque es un estudio magnífico sobre cómo el cerebro aprende una habilidad y cómo lograron alcanzar su maestría la grandes deportistas, artistas, músicos, escritores, empresarios y gente de éxito en general.

Básicamente, Dan Coyle explica que los estudios científicos están demostrando que la habilidad se consigue cuando el cerebro logra crear un circuito neurológico muy sólido y además envuelto en mielina. La mielina es una sustancia que envuelve las fibras nerviosas -las aísla-, y su función principal es la de aumentar la velocidad de transmisión del impulso nervioso.

Si los circuitos mentales fueran cables eléctricos, la mielina sería la goma que envuelve y aísla los cables para evitar la pérdida de energía eléctrica.

Parece ser que los estudios han comprobado que las personas con una mayor habilidad para las matemáticas, la música, el deporte, los idiomas o el arte tienen mayor mielina (sustancia blanca) en las áreas de sus cerebros correspondientes a dicha habilidad: área motora, auditiva, visual, lógica, creativa, etc.

Podríamos decir que mielina es la banda ancha del cerebro, es fibra óptica que aumenta la velocidad  y la potencia de transmisión de información por los circuitos mentales.

¿Y cómo se mielinizan los circuitos? con la práctica intensa y la técnica correcta, además de tener una gran motivación para estar concentrado en la habilidad que se quiere desarrollar. Cuanto más practiques una habilidad, más mielina producirá tu cerebro para reforzarla. Y cuanta más mielina tengas, más habilidad adquirirás.[/vc_column_text][image_with_animation image_url=»13171″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][vc_column_text]1ª CLAVE: PRACTICAR INTENSAMENTE

La habilidad se consigue al tener los circuitos neuronales bien milinizados (aislados y fortalecidos) mediante la práctica intensa.

Cuando empiezas a practicar una habilidad específica -como por ejemplo aprender a andar en bicicleta-, los circuitos neuronales de esa habilidad empiezan a activarse. Los oligondrecitos (unas células que rodean las fibras neuronales) al recibir estímulo del impulso nervioso automáticamente empiezan a producir mielina y a envolver con ella las fibras nerviosas. La mielina es una envoltura que aísla el circuito, lo protege y aumenta la velocidad de los impulsos nerviosos. Así pues, cuanto más practicas andar en bicicleta, poco a poco tus fibras nerviosas empiezan a crear un circuito y a mielinizarlo para fortalecerlo.

Y este es el motivo por el cual Rafael Nadal es uno de los mejores tenistas del mundo, o Kasparov ha sido imbatible en el ajedrez, o por qué Messi o Cristiano Ronaldo son grandes goleadores, o por qué Ferrán Adriá es un cocinero tan famoso por su restaurante El Bulli: porque sus cerebros han creado habilidades a través del desarrollo de circuitos neuronales muy sólidos y que funcionan muy rápido gracias a estar muy mielinizados por la experiencia conseguida gracias a largos años de práctica intensa.

Así pues, no hay fórmulas mágicas, está comprobado que el talento es una habilidad que se desarrolla con la práctica constante. Los grandes genios, artistas, científicos, empresarios u oradores no lo hubieran sido si no hubieran dedicado miles de horas a practicar y desarrollar sus capacidades. Los genios no nacen, ¡se hacen!

Y mi caso da fe de ello: hace unos años yo era un pésimo orador y me daba pánico hablar en público, jamás pensé que algún día podría llegar a disfrutar tanto hablar delante de los auditorios.

Pero he tenido que pagar el precio. No hay fórmulas mágicas. Transformar el miedo escénico en placer escénico ha sido una cuestión de dar muchas conferencias, cursos y talleres, de lanzarme a exponerme y hablar en público en cualquier ocasión que se me presentase -incluso estando muerto de miedo-.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13182″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]LA REGLA DE LAS 10.000 HORAS DE PRÁCTICA

Los investigadores Anders Ericsson, Herbert Simon y Bill Chase, entre otros, apoyaron la valided de la famosa «regla de los 10 años de práctica” que data de 1899, también conocida como “las 10.000 horas de práctica”. Este descubrimiento demuestra que la habilidad a nivel mundial de cualquier campo (tocar un instrumento musical, las matemáticas, la pintura, etc.) requiere aproximadamente una década de práctica intensa. Incluso los grandes violinistas o los maestros de ajedrez que empezaron jóvenes tuvieron que practicar con ahínco durante 9 o 10 años antes de participar en campeonatos internacionales. (Si empezaron a practicar con 7 años, a los 17 o 18 años ya estaban tocando en importantes filarmónicas o participando en grandes torneos).

Así pues, la primera clave del talento es la práctica intensa. Si quieres ser bueno en algo, el único secreto es: práctica, práctica y práctica.

Más o menos, son necesarias unas 19 horas de práctica a la semana para desarrollar una habilidad con gran genialidad.

¿Quieres convertirte en escritor? Pues ponte a escribir 2 horas al día entre semana y échale otras 4 o 5 horas el sábado y domingo.

¿Quieres convertirte en artista, jugador de tenis, músico o experto en marketing online? pues coge la agenda y analiza dónde vas a tener hueco para meter esas 19 horas.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13184″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]LAS PRIMERAS 1.000 HORAS DE EXPERIENCIA

Que sean necesarios entre 8 y 10 años para alcanzar la maestría no significa que necesites pasar la línea de meta de esas 10.000 horas de práctica para poder ser suficientemente bueno en aquello que deseas proponerte conseguir. De hecho, yo creo que a partir de las primeras 1.000 horas de práctica ya se empieza a ser bastante bueno en la habilidad que se quiere conseguir.

Y creo que tener clara esta idea : si quieres aprender una nueva habilidad como hablar en público, aprender a pintar, tocar la guitarra, hablar inglés, cantar, cocinar, fotografía, jardinería… o aprender una nueva profesión como vendedor, inversor en bolsa, terapeuta, psicólogo, coach, necesitas conseguir lo más rápido posible estas 1.000 primeras horas de práctica.  Porque es en estas 1.000 primeras horas de práctica donde se adquiere el 80% de los conocimientos y habilidades necesarios para ser “bueno” en aquello que te propones mejorar. La excelencia es el 20% restante. Y para llegar a ser excelente, un verdadero maestro, necesitas otras 9.000 horas más. En total, unos 10 años de experiencia.

Hasta las primeras 1.000 horas, el desarrollo de la habilidad tiene un crecimiento exponencial (por ejemplo, si te pones a aprender a bailar salsa, jugar al tenis o al pádel, durante los dos primeros años de aprendizaje darás un cambio enorme, pasando de ser un novato a un bailarín o jugador competente). Pero a partir de las primeras 1.000 horas, los incrementos marginales de habilidad son menores (A partir del 3er  año de práctica, la mejora deja de ser tan rápida y visible, se ralentiza el proceso y los cambios son más sutiles).

cambios marginales

Cuando leí sobre esta teoría de las 10.000 horas de práctica pensé sobre mi carrera laboral en el mundo de la psicología ejerciendo como coach personal (orientador de vida), profesor de Universidad y consultor de empresas, y me dije a mi mismo: ¡Tengo que llegar a conseguir esas 10.000 horas de experiencia! Si tengo 25 años, más o menos con 35 años tendría que alcanzarlo sumando las horas de consultas individuales, las conferencias y las clases.

Así pues, desde el año 2009 me propuse dar una conferencia todas las semanas. Y empecé a dar charlas y talleres en todas partes, allá donde me quisieran escuchar: bibliotecas, centros culturales, universidades, colegios, clubes… Y aunque he de reconocer que al principio fui pésimo como orador (y hubo algún momento en que hasta di vergüenza ajena), con la práctica poco a poco fui aprendiendo de los errores y mejorando mis ponencias.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13187″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]2ª CLAVE: LA MOTIVACIÓN 

La neurociencia ha demostrado que la única manera de aprender algo ó adquirir una habilidad es teniendo una enorme motivación por conseguirlo.

¡SI ÉL HA PODIDO, YO PUEDO!

Muchos grandes artistas, deportistas o empresarios tuvieron un momento de ignición, un momento donde prendió la llama la su pasión por lograr algo. Y lo curioso es que generalmente surge esa motivación al ver a otras personas conseguir éxitos y desear emular sus logros. De ahí que las llamadas «neuronas espejo” tengan una enorme importancia en este proceso de emular el éxito ajeno y automotivarse para ello.

En relación a la oratoria, mi historia de motivación fue ciertamente así. Un día que estaba curioseando la antigua biblioteca de la casa de mis abuelos encontré un libro de los años 40 de un famoso escritor americano que contaba una historia que me llamó mucho la atención: que de joven había sido tímido y un comunicador mediocre. Sin embargo, se graduó como maestro y las circunstancias de su vida le obligaron a hacerse vendedor de cursos por correspondencia. Con el paso de los años y con la práctica, sus habilidades de comunicación empezaron a mejorar mucho, tanto que acabó convirtiéndose en uno de los escritores y oradores más famosos de Estados Unidos por sus cursos de autoayuda y oratoria: estoy hablando de Dale Carnegie, el autor americano del famoso libro “Cómo hacer amigos e influir en las personas” y de sus prestigiosos cursos de oratoria en Nueva York.

La verdad que esta lectura me inspiró enormemente. Y pensé: ¡si él pudo superar el miedo escénico, yo puedo! De repente impactó en mi cabeza la imagen de convertirme en profesor, y desde ese momento empezó a arder en mi corazón el deseo de hablar en público con mi propio estilo, y de ahí surgió la energía que me empujó para empezar a formarme, a leer sobre técnicas pedagógicas (como las utilizadas en las conferencias TED), y hacer todo tipo de cursos de oratoria y técnicas de teatro.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13186″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]3º CLAVE: LA TÉCNICA

Pero la práctica y la motivación se quedan cojas sin la técnica correcta.

Todas las artes y las ciencias tienen su técnica. Cualquier habilidad que se quiera adquirir es necesario aprender la metodología correcta. Si quieres convertirte en músico, tienes que aprender la técnica musical, las notas, los instrumentos, la vocalización, etc.

Puedes estar muy apasionado por aprender a hacer algo, pero si practicas sin la técnica adecuada es posible que no llegues muy lejos.

Teniendo esta clave en mente, en su día me propuse buscar a buenos profesores de oratoria que me ayudaran a superar este miedo escénico.

Uno de mis profesores fue el antes actor y ahora político Toni Cantó, otro fue el antes actor y ahora profesor Harold Zúñiga, también el profesor de oratoria Ángel Lafuente Zorrilla y profesor de filosofía S. Alfonso Carrión, el emprendedor Jose Pedro García, también el consultor Miguel Ángel Romero, y la más importante de todas, la periodista y ahora terapeuta y coach Hada García Cock.

Toni me enseñó a estar presente en el escenario y dejar de estar centrado en mi “cabezota”, dejar de estar en mi mente y pensamientos y meterme en la experiencia, en el sentimiento. Harold me enseñó técnicas para mejorar mi dicción, porque antes balbuceaba y él me ayudó a vocalizar un poco mejor. De Ángel aprendí su energía en la puesta en público y la pasión con la que transmite sus ideas. De Carrión aprendí su interesante estilo de enseñanza -filosófico pero práctico y bien estructurado-. Josepe me enseñó a generar entusiasmo en las salas de formación. Miguel Ángel Romero me dio buenas claves para dar cursos en empresas y cómo hacer dinámicas experienciales. Y Hada me reforzó mi autoconfianza, apoyándome a ser natural, espontáneo y a encontrar mi propio estilo de oratoria.

Tal y como popularizó la película «El discurso del Rey», la historia del Rey Jorge VI de Inglaterra fue un ejemplo de cómo un experto en oratoria, el logopeda Lionel Logue, le ayudó a entrenarse en la técnica vocal correcta, de manera que pasó de sufrir una tartamudez paralizante a dar discursos que llegaron a inspirar a todo un país.

Los oradores no nacen… se hacen. Yo no aprendí solo, tuve muchos profesores y «coach» personales que me ayudaron a superar mis bloqueos y a desarrollar mi propio estilo.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][image_with_animation image_url=»13188″ alignment=»center» animation=»Fade In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_video link=»https://www.youtube.com/watch?v=oKdtkcdeVSA»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_video link=»https://www.youtube.com/watch?v=NdQum8zzSSY»][divider line_type=»No Line» custom_height=»40″][vc_column_text]CONCLUSIÓN

No hay atajos para el éxito. Pero sí hay principios en la naturaleza del aprendizaje humano que nos ayudan a avanzar más rápida y eficazmente en la adquisición de habilidades. Si quieres aprender algo, cualquier cosa, lo primero que necesitas es motivación: que arda dentro de ti el deseo de mejorar esa habilidad; lo segundo, busca un buen profesor, aprende la metodología necesaria; y tercero, ¡ponte a practicar!

Como dicen los neurocientíficos: «La habilidad es un aislamiento que envuelve los circuitos neuronales, empieza a desarrollarse a partir una serie de estímulos y mejora mediante la práctica intensa»[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][vc_column_text]Alberto Peña Chavarino


Bibliografía recomendada:
Las claves del talento, Dan Coyle[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/4″][/vc_column][/vc_row]

[vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»3/4″][vc_column_text]La mejor manera de superar el miedo a hablar en público es lanzarse a hacerlo 🙂

Este es el único secreto: la práctica.

Si quieres superar el miedo a hablar en público, ¡ponte a hablar en público!

La clave es empezar por conseguir pequeños éxitos, hablar de temas que te interesan y que dominas bien, para ir animándote y sintiendo que eres capaz de hacerlo. Con el tiempo y la práctica se pasa del pánico escénico al placer escénico. Te cuento mi historia:

Recuerdo el primer día que di una conferencia sobre desarrollo personal hace 7 años: estaba como un conejo asustado. La conferencia era en el centro de Madrid, a las 7 de la tarde de un jueves.  Durante todo el día estuve nerviosísimo, mi mente imaginaba todo tipo de escenas de terror: – ¿Y si me quedo bloqueado en medio de la charla? ¿Y si a la gente no le gusta? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si me hacen preguntas difíciles y me quedo en blanco sin saber qué responder? Vamos, que llegué a la sala de la conferencia hecho un flan. Y lo peor de todo fue cuando entré en la sala: ¡Había casi 40 personas! – ¡Dios mío, qué voy a hacer! El pánico se apoderó de mi de cabeza a los pies. Nunca había estado delante de tanta gente hablando. Pero ya no podía echarme atrás, así que empecé a preparar mi pizarra y mis rotuladores, mientras sentía cómo temblaba mi mano al coger el papel donde llevaba escrita la estructura de la ponencia. Silencio en la sala. Todo el mundo mirándome con curiosidad. Se percibía claramente que estaba a punto de entrar en shock. Y ahí estaba yo, quieto, en silencio, mirando a todo el mundo. Mi corazón no paraba de latir. Mis manos sudaban. Mi pierna derecha empezó a temblar. – ¿Y yo para qué me habré metido en esto?, pensé para mis adentros. Y el comienzo no pudo haber sido peor: me trababa al hablar, me quedé con la voz seca, miraba a la pizarra para evitar los ojos del público…

A los 10 minutos de chapucear conceptos inconexos sobre psicología, apareció mi salvador. Un hombre en la sala, que se estaba compadeciendo de mi, con una sonrisa y en tono humorístico rompió el ambiente de tensión que yo había creado diciendo: – ¡A ver chaval, relájate hombre, que seguro que sabes un montón de esto que nos vas a contar. Pero no te pongas nervioso, que no te vamos a comer!

Mano de santo, todo el mundo se rió en la sala, yo también me reí, y todos nos sentimos más relajados.  Así que divertido, cambié la forma de realizar la ponencia. De repente mis nervios se habían convertido en relajación, mi temor en humor, y mis augurios de terror en empezar a disfrutar el momento presente. También sentí el apoyo del grupo, y esto fue una revelación para mi: la gente no venía a juzgarme, venía a aprender de mí. La gente quería disfrutar y pasárselo bien. Así que yo también empecé a disfrutar transmitiendo las ideas que había aprendido en mis primeros meses haciendo terapia y coaching.

El final de la ponencia no pudo ser mejor: la gente aplaudió y muchos de ellos se acercaron a saludarme y darme la enhorabuena por el cambio de actitud que había dado y por lo interesante que había sido la charla. Salí de aquel lugar con una alegría y una energía impresionante. ¡Había hablado por primera vez en público sobre mi trabajo! ¡Y lo había hecho bien! Estaba que no me lo creía, saltaba de la ilusión.

Aquella experiencia me hizo cambiar el chip. Estaba deseoso de volver a repetir la experiencia, de volver a hablar en público. Y también me animó muchísimo a seguir aprendiendo sobre oratoria y técnicas para hablar en público. Así que seguí dando charlas y seguí yendo a seminarios de técnicas de oratoria, improvisación, teatro, neurolingüística, etc.

Años después, analizando lo que sucedió en mi actitud después de esta experiencia, entendí que fueron 2 principios psicológicos que se pusieron en funcionamiento: el primero fue asociar la oratoria a emociones positivas, y la segunda, generar expectativas de éxito futuro.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][image_with_animation image_url=»12876″ alignment=»center» animation=»Grow In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][vc_column_text]

LA DISTANCIA Y LA ASOCIACIÓN PSICOLÓGICA

Las personas de éxito se asocian a emociones de éxito. El éxito se retroalimenta a sí mismo. Una vez que tienes una experiencia positiva deseas volver a experimentarla. Por eso se dice que el éxito llama al éxito.

Los psicólogos Yaacov Trope y Nira Liberman, comprobaron que las personas cambiamos nuestras emociones según la manera en que procesamos la información. Según nos sentimos asociados o disociados de nuestras emociones, así cambia nuestra actitud. Y esto lo podemos aplicar en el campo de la oratoria, al igual que sucede en el mundo deportivo, artístico, científico y empresarial

Es decir, si yo asocio emociones negativas a hablar en público, mi actitud será de rechazar las situaciones donde me exponga a ello. Pero si me asocio a emociones negativas, mi actitud será de desear tener oportunidades a ser escuchado. Y viceversa, si me siento disociado de las emociones positivas, no sentiré ninguna motivación por ponerme a hablar en público.

Así pues, el primer paso para superar el miedo a hablar en público es distanciarse de las emociones negativas asociadas al miedo a hablar en público: la vergüenza, el rechazo, el pánico a quedarse en blanco, el estrés de la situación… Y a continuación, asociar la puesta en escena a emociones positivas: los aplausos, las risas, la complicidad del público con el ponente, la satisfacción personal por hacer un buen trabajo, el aprecio y la gratitud del público.

Hay técnicas muy potentes que se utilizan en Hipnosis y en PNL (Programación Neurolingüística) para ayudar a las personas a superar sus miedos y ataques de pánico. Y son aplicables tanto al miedo escénico, como al miedo a volar, la agorafobia, la fobia social, la hipocondría, y muchas más situaciones que causan ansiedad anticipatoria.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][image_with_animation image_url=»12873″ alignment=»center» animation=»Grow In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][vc_column_text]

LAS EXPECTATIVAS DE ÉXITO Y EL OPTIMISMO RAZONABLE

Si crees que puedes o si crees que no puedes, tienes razón (Henry Ford)

Walter Mischel denomina el motor del éxito a la frase: «Creo que puedo»: la creencia de llegar a ser capaz de conseguir un éxito es la base de la motivación para poder lograrlo.

Los psicólogos Charles Carver, Shelley Taylor, Piers Steel, y muchos más, han demostrado que las expectativas de éxito son el motor del progreso. Y esto es de sentido común: si uno no espera que algo suceda, no se va a molestar en hacerlo. Si no tienes expectativas de éxito a la hora de freir bien un huevo frito, no vas ni siquiera a intentar ponerte a cocinar.

Las «personas optimistas-realistas» tienen más capacidad de sobrellevar el estrés de las situaciones, por ejemplo, hablar en público. También tienen más capacidad de reponerse ante los problemas de la vida. Tienen más iniciativa a la hora de cuidar su salud y bienestar futuro. Y en general, tienen más éxito a la hora de proponerse hacer algo y lograrlo.

Cuando hablo del optimismo, hago mención al optimismo realista. El optimismo es una bendición muy importante, siempre y cuando esté conectado de un modo razonable con la realidad.

El optimismo del que hablo no tiene nada que ver con el «optimismo mágico o el pensamiento positivo». Como todas las cosas en la vida, el optimismo tiene que estar basado en una base consistente. En el caso de la oratoria, hablar bien en público es algo que está al alance de todas las personas, pero eso no significa que no haya que hacer un trabajo previo.

Hablar bien en público requiere preparación, y también requiere dominar la materia de la que se va a hablar. También requiere creer firmemente aquello de lo que se habla, y tener el deseo de transmitirlo. Hablar bien en público require estar bien alineado con los propios valores, y tiene que tener el objetivo de contribución, no de narcisismo personal.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][image_with_animation image_url=»12869″ alignment=»center» animation=»Grow In» img_link_target=»_self»][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][vc_column_text]

 EL PODER DE LA VISUALIZACIÓN

Existe una técnica muy eficaz a la hora de crear expectativas de éxito, y es la VISUALIZACIÓN: visualizar previamente tu ponencia antes de hablar en público. El poder de la visualización se ha comprobado que llega a ser el 60% del éxito de los atletas deportivos de élite. Todos los grandes atletas dedican mucha energía mental a imaginarse cómo mejorarán su desempeño en los entrenamientos, cómo superarán los obstáculos que se les presenten en las competiciones, y hasta visualizan cómo lograrán una medalla y su foto en el podio de los campeones.

LA «TÉCNICA DE LAS PEORES PESADILLAS»

Otra técnica muy potente de visualización para superar los miedos, es la técnica de imaginar lo peor que podría suceder, o también llamada la técnica «Post Mortem». Esta es una técnica que se estudia en Problem Solving Estratégico (Giorgio Nardone, Paul Watzlawick), y es muy eficaz a la hora de tratar miedos muy arraigados. Consiste en visualizar durante 20 minutos seguidos lo peor que podría suceder, de manera que el cerebro, por contraste mental, se canse y haga un clic. Para casos graves, esta técnica es necesario que sea monitorizada por un profesional terapeuta que sepa hacerla.

La técnica de las peores pesadillas se puede combinar con la visualización de éxito para aumentar la eficacia del principio de visualización:

1º Primero imagínate lo peor que podría pasar, para aceptar esa posibilidad, y también para prepararte para evitar esos posibles errores.

2º Y segundo, una vez que has puesto los pies en el suelo, dándote un baño de prudencia y sentido común, ahora es el momento de motivarte visualizando un futuro exitoso, imaginando lo mejor que podría suceder: cómo vas a hacer las cosas de manera eficaz.[/vc_column_text][divider line_type=»No Line» custom_height=»30″][vc_column_text]Alberto Peña Chavarino [/vc_column_text][vc_column_text]Copyright © 2015


Bibliografía recomendada:
La ecuación de la Procrastinación, Piers Steel.
El test de la Golosina, Walter Mischel.
Autoeficacia, El ejercicio del Control. A. Bandura[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/4″][/vc_column][/vc_row]

[vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Ayer estaba pasándolo muy bien hablando con mi padre mientras tomábamos una caña en un bar en Burgos, y en la conversación llegamos a la misma conclusión:

«la única manera de convencer a alguien de algo es que esa persona te vea como una autoridad».

Mi padre es médico y esto es algo que ha visto claro durante todos sus años de profesión: un paciente hará caso a su médico sólo si le ve como una autoridad. Un paciente sólo llevará a cabo el tratamiento que le propone su médico si confía en él, si se fía de su capacidad, de su carácter y de su buena intención.

Un hijo hará caso a su padre o madre sólo si les ve como a una autoridad. El niño confiará en su padre si le ve como una sólida referencia, una persona íntegra, un ejemplo moral, alguien que siempre cumple su palabra y que nunca transgrede sus principios.

Un alumno se fiará del maestro sólo si le ve como una autoridad en su materia. La experiencia y los conocimientos del profesor dan la seguridad que necesita el alumno para avanzar en su aprendizaje.

Un trabajador hará caso a su jefe sólo si le ve como una autoridad. El carácter y la capacidad de trabajo, sacrificio e inteligencia  del jefe crea la confianza, el respeto y la obediencia en el trabajador.

E instintivamente todos nosotros confiamos en las personas que son predecibles, que cumplen su palabra, que nos dan seguridad, es decir: confiamos en la gente que tiene «autoridad consigo misma”, que es “capitán de sí misma”.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″ enable_animation=»true» animation=»fade-in-from-bottom» boxed=»true» column_padding=»padding-3-percent» column_padding_position=»all» background_color=»#c8eaf4″ background_color_opacity=»1″][vc_column_text]

La autoridad es la clave de la influencia

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]LA AUTORIDAD SE FORJA CON EL CARÁCTER

El carácter tiene que ver con la actitud que uno tiene para enfrentarse a la vida. Para ser un buen comunicador hay que tener una sólida identidad, una sana autoestima y una actitud proactiva. El carácter se forja con la experiencia y con la madurez. La autoridad surge de un carácter íntegro basado en buenos valores e ideales. Una persona con autoridad tiene un escala de valores y un sistema de creencias ajustado a la realidad. ¿Esto en la práctica qué significa? Veamos unos ejemplos:

Una persona con autoridad tiene interiorizado su derecho a ser asertivo y tiene el coraje de afirmarse; es decir, es claro al hablar, tiene el valor de mantenerse a la altura frente a los demás. También es una pesona que respeta sus necesidades y hace valer sus ideas. No se achanta, no se hecha para atrás. Es firme en sus convicciones.

Una persona con verdadera autoridad no es autoritaria, es empática. Una persona con una autoridad positiva es muy consciente de la importancia del principio de la empatía como base de las relaciones humanas. Es decir, se esfuerza por ponerse en el lugar de los demás para entenderles en un nivel más profundo. Como reza el 5º de los hábitos de Stephen Covey, “Primero procure comprender, y después ser comprendido»

Sin embargo, las personas que  todavía no han interiorizado este principio de la “empatía» quizás lo confunden con “simpatía”. Ser simpático no significa ser empático, sonreír, intentar caer bien o no herir los sentimientos de otros al hablar. No. Lo que de verdad significa ser empático es entender a las personas en un nivel profundo y sentir sus sentimientos, pero esto no significa que tenga que comportarse de manera “débil y condescendiente”. Todo lo contrario, las personas más empáticas que he conocido son muy asertivas, directas y firmes, e incluso a veces muy duras.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″ enable_animation=»true» animation=»fade-in-from-bottom» boxed=»true» column_padding=»padding-3-percent» column_padding_position=»all» background_color=»#c8eaf4″ background_color_opacity=»1″][vc_column_text]

El carácter es la base de la persona que transmite confianza

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]LA HABILIDAD SE ENTRENA CON LA TÉCNICA

Aunque la base de la confianza es la autoridad, para ser un buen comunicador también hay que desarrollar habilidades comunicativas y sociales, y lo que hoy se llama “Inteligencia Emocional”.

La habilidad es la técnica de comunicación. Al igual que existen técnicas para hablar en público, también existen técnicas para convencer, influir en las personas, cambiar creencias, ser asertivo, motivar y emocionar con las palabras.

Además de carácter, es necesaria la habilidad. (Si no sabes pilotar aviones, por mucho carácter y buena actitud que pongas, no vas a poder pilotar un Airbus A380).

Por ejemplo, una técnica de asertividad que explica muy bien Manuel J. Smith consiste en ser persistente, decir lo que piensas sin enfrentarte ni llevar la contraria a la otra persona.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″ enable_animation=»true» animation=»fade-in-from-bottom» boxed=»true» column_padding=»padding-3-percent» column_padding_position=»all» background_color=»#c8eaf4″ background_color_opacity=»1″][vc_column_text]

¡La excelencia se consigue con la práctica!

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]TÉCNICA DE ASERTIVIDAD: «EL DISCO RAYADO»

Un ejemplo muy bueno de técnica de persistencia es la del “disco rayado”, que consiste en repetir una y otra vez lo que queremos, sin enfadarnos, sin irritarnos y sin levantar la voz. Para comunicarnos eficazmente en una situación de conflicto, la clave es mantenernos firmes en nuestros argumentos y aferrarnos a nuestras opiniones sin contradecir a la otra parte. No hay que dar ni razones ni excusas acerca de por qué queremos lo que queremos. Además, hay que hacer caso omiso de todo lo que nos diga nuestro interlocutor para hacernos sentir culpabilidad. Con voz tranquila y repetitiva, puedes ganar muchas batallas 🙂

Ejemplo de técnica asertiva “Disco Rayado»:

Llega el vendedor de productos naturales a tu casa, pero tu no quieres ningún producto. Así pues, puedes poner en marcha la técnica:

Vendedor: – ¿Usted quiere que sus hijos se alimenten bien y tengan buena salud, verdad?

Persona Asertiva: – Comprendo lo que me dice, pero no me interesa comprar ningún producto.

Vendedor: – Pero a su mujer le encantaría que los niños mejoren su dieta.

Persona Asertiva: – Le agradezco su ofrecimiento, pero no me interesa.

Vendedor: – Mire, le traigo una muestra de mi producto, se la puedo dejar para que la pruebe.

Persona Asertiva: – Gracias por lo que me ofrece, pero no, no quiero probarlo.

Vendedor: – Es usted un poco terco, pero estoy seguro de que estos productos le encantarían.

Persona Asertiva: – Entiendo su opinión, pero no me interesan sus productos.

Vendedor: – ¿Pero no quiere que sus hijos se alimenten mejor y estén más sanos?

Persona Asertiva: – Comprendo lo que me dice, pero no me interesa, simplemente.

Vendedor: – Osea que no quiere hablar conmigo y que le explique mis productos.

Persona Asertiva. – La verdad es que no me interesan estos productos ni quiero nada.

Vendedor: – Bueno, pues entonces me voy porque usted no me deja hablar.

Persona Asertiva: – Entiendo como se siente. Muchas gracias y pase un buen día.

Con ésta técnica, la Persona Asertiva no ha sido maleducado, ni se ha excusado, ni ha dado explicaciones de por qué no quiere los productos del vendedor; por el contrario, ha sido asertivo y se ha mantenido en sus argumentos hasta que el vendedor se ha cansado y se ha ido.

¿Qué hacen en estas situaciones las personas que no están entrenadas en técnicas asertivas? Pues que se quedan tímidas y cortadas, o por el contrario, reaccionan violentamente.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″ enable_animation=»true» animation=»fade-in-from-bottom» boxed=»true» column_padding=»padding-3-percent» column_padding_position=»all» background_color=»#c8eaf4″ background_color_opacity=»1″][vc_column_text]

Ser asertivo no significa ser maleducado. Ser asertivo significa tener la capacidad de afirmarse como persona, sin miedo.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row type=»in_container» bg_position=»left top» bg_repeat=»no-repeat» scene_position=»center» text_color=»dark» text_align=»left»][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]CONCLUSIÓN

Para ser un buen comunicador, hay que hablar con autoridad y con habilidad.

Tanto la autoridad como la habilidad se forjan con la experiencia, y se potencian con el carácter.

Y el carácter se forja cuando uno tiene claros sus principios, valores e ideales, y es fiel a su palabra.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″ enable_animation=»true» animation=»fade-in-from-bottom» boxed=»true» column_padding=»padding-3-percent» column_padding_position=»all» background_color=»#c8eaf4″ background_color_opacity=»1″][vc_column_text]

Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino. – Charles Reade

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